07 octubre 2008

Los malos libros

He recibido hoy una llamada telefónica en la librería:

- Buenas tardes, Tomás.

- Buenas tardes **** (se trata de una clienta con la que la relación ha llegado a un punto muy agradable de confianza, aunque nos seguimos tratando de usted).

- Le llamo para decirle que voy a devolverle el último libro que me he llevado, porque es horroroso.

- No hay problema, traígalo y cámbielo por otro, o le hacemos un vale.

- No, no me ha entendido. No quiero cambiarlo: quiero devolverlo. Quiero hacer un acto de protesta para que no se editen estas cosas de tan ínfima calidad. No quiero que me devuelva el dinero. He comprado el libro por una reseña que leí, y no sé a que intereses responderá pero este libro no tiene nada que ver con el que describía la reseña.

- Pero no me parece justo que usted haga un acto de protesta y yo me beneficie, porque el libro yo también lo voy a devolver a mi proveedor y sí que me lo abonará.

- Bueno, pues puede usted donar el dinero a los pobres, o lo que sea, pero desde luego yo no lo quiero.

Me consta que **** tiene un gusto literario exquisito. De hecho, ella también escribe y publica cuentos cortos, así que sabe de que habla.

El libro lo voy a devolver y además voy a decir cual es por si alguien lee la misma reseña y se siente tentado a comprarlo:
Tres por cinco. Cuentos.
Luisa Valenzuela.
Páginas de Espuma.

Están vds. prevenidos. Consideren esta entrada como una "contrarreseña".

Además voy a donar a una biblioteca un libro de los que **** ha escrito.

Me ha quedado un entrada muy del estilo de Regina ExLibris (por la forma, no por el contenido).

7 comentarios:

Martín dijo...

De la interesante conversación que relatas me quedo con el gesto de que te ofrezcas a cambiar un libro porque no le guste al cliente (aunque no era eso lo que ella quería) y además lo proclames a los cuatro vientos.
Supongo que será por la confianza (algo así se presta a la picaresca) pero desde luego es todo un detallazo, aunque no debería asombrarme tanto teniendo en cuenta que la primera vez que os compre un libro, al ir a pagar me buscasteis otro ejemplar porque ese tenía la pasta arrugada, lo que me sorprendió, porque estaba acostumbrado al típico encogimiento de hombros. Claro que detalles así son los que marcan la diferencia.

Tomás TodoLibros dijo...

Normalmente no ponemos pegas para cambiar ningún libro (excepto si son pedidos) con el ticket de caja y en los diez días poosteriores a la venta. Eso si, sólo lo cambiamos una vez.

Una única vez hemos tenido que darle el toque a otra clienta que se nos pasaba de lista con lo de los cambios, pero por un espabilado no vamos a juzgar a todo el mundo ¿no?.

Anónimo dijo...

Era algo sabido en Alemania que Goebbels tenía fama de tener un gusto exquisito. Torquemada no le iba a la zaga.

Tomás TodoLibros dijo...

Efectivamente, Goebbels quemaba los libros que iban contra sus ideas. Torquemada, también. Yo soy librero y mi trabajo es recomendar (o desaconsejar) lecturas. Si un libro lo considero malo, puedo decirlo (con el permiso de vuecencia).

Para este tipo de comentarios, por favor, no se escondan tras un anónimo. No pasa nada por que sepamos quien da qué opinión y porqué. ¿O si pasa?.

Martín dijo...

Conociendo la historia de
Torquemada (la de verdad, no los tópicos de siempre) me parece demasiado fuerte mencionarle en un caso en el que una lectora se limita a decir lo que opina de un libro y el librero, amablemente, nos lo traslada al resto de los lectores para que cada uno seamos libres de sacar nuestras propias conclusiones. Luego, cada cual haga lo que considere oportuno.
¿O es que no se puede criticar ningún libro sólo por el hecho de serlo? Porque hay cada bodrio...

FelManuel dijo...

¿Realmente tan malo es el libro de Luisa Valenzuela? Jo, y yo que cuando lo descubrí en la web de Páginas de Espuma me picó... ¿Me lo recomendarías, señor librero?

Un saludo, de parte de un cliente (demasiado) ocasional.

P.D. Estoy de acuerdo con lo que dice Martín, al menos, en parte. En un pedido que os hice, devolvisteis el libro porque vino hecho una piltrafa (o eso me dijo la librera) y pedisteis otro ejemplar (que, todo sea dicho, algún que otro desperfecto tenía, pero no me quejo). Desde luego, eso sí que es de agradecer.

Ricardo Colomer dijo...

Gracias por el aviso.

Abrazos