He recibido hoy una llamada telefónica en la librería:
- Buenas tardes, Tomás.
- Buenas tardes **** (se trata de una clienta con la que la relación ha llegado a un punto muy agradable de confianza, aunque nos seguimos tratando de usted).
- Le llamo para decirle que voy a devolverle el último libro que me he llevado, porque es horroroso.
- No hay problema, traígalo y cámbielo por otro, o le hacemos un vale.
- No, no me ha entendido. No quiero cambiarlo: quiero devolverlo. Quiero hacer un acto de protesta para que no se editen estas cosas de tan ínfima calidad. No quiero que me devuelva el dinero. He comprado el libro por una reseña que leí, y no sé a que intereses responderá pero este libro no tiene nada que ver con el que describía la reseña.
- Pero no me parece justo que usted haga un acto de protesta y yo me beneficie, porque el libro yo también lo voy a devolver a mi proveedor y sí que me lo abonará.
- Bueno, pues puede usted donar el dinero a los pobres, o lo que sea, pero desde luego yo no lo quiero.
Me consta que **** tiene un gusto literario exquisito. De hecho, ella también escribe y publica cuentos cortos, así que sabe de que habla.
El libro lo voy a devolver y además voy a decir cual es por si alguien lee la misma reseña y se siente tentado a comprarlo:
Tres por cinco. Cuentos.
Luisa Valenzuela.
Páginas de Espuma.
Están vds. prevenidos. Consideren esta entrada como una "contrarreseña".
Además voy a donar a una biblioteca un libro de los que **** ha escrito.
Me ha quedado un entrada muy del estilo de Regina ExLibris (por la forma, no por el contenido).